Home Actress Elísabet Benavent HD Instagram Photos and Wallpapers April 2024 Elísabet Benavent Instagram - Desde que soy adolescente, el concepto de la elegancia ha ocupado espacio entre mis reflexiones. Siempre he querido ser elegante, pero he sentido que la posibilidad de serlo se me escapaba de entre los dedos. Viendo fotos de mis 20 nadie diría que le daba vueltas a este tema. Sé que las modas vistas desde el futuro horrorizan, pero yo iba un paso más allá. Ahora veo claro que intentaba encontrar un estilo que hablase de mí, que me hiciera sentir parte de algo; en el presente soy de las que prefieren que lo que comunique de mí sea el recuerdo que dejo y las cosas que hago. Decir podemos decir mucho; ejecutar es lo importante. De unos años hacia acá, el concepto de elegancia ha ido evolucionando para mí tal y como lo ha hecho el significado de la palabra belleza. Antes pensaba que ambos términos estaban unidos a la delgadez, pero ya me liberé de esa cárcel. Nunca he sido y nunca seré una mujer delgada y esto antes me frustraba… he empezado a abrazar quién soy sin la aspiración de ser otra cosa diferente y eso, quizá, me parece un gesto elegante para con mi adolescente interior. Más allá del “menos es más”, de la sorda elegancia de un vaquero recto, una camiseta blanca y un blazer negro, del estilo sin estridencias, del rojo de labios, del fondo de armario y los salones de tacón… más allá existe un cosmos completo plagado de distinción. La elegancia de saber marcharse cuando toca, de un abrazo, de la dedicatoria en un libro y de escoger el sitio adecuado para cada cosa. La elegancia de un olor característico que no grite, de sonreír y dar las gracias, de saber cuándo no llamar la atención y agachar la cabeza. La elegancia de la honestidad educada, del caminar de un gato sobre el parqué, de desandar unos pasos para repetir un beso de despedida en el rellano. La elegancia de dejar ir, de dejarse querer, de querer bonito, de comprar flores, de hablar de lo que se siente, de desear lo mejor a aquellos que nos hicieron el peor de los daños… pero lejos. Cecil Beaton dijo que la elegancia era “agua y jabón” (y @martariezu escribió un magnífico libro alrededor de este concepto, por cierto) y yo estoy bastante de acuerdo con que lo más elegante suele ser lo más sencillo.

Elísabet Benavent Instagram – Desde que soy adolescente, el concepto de la elegancia ha ocupado espacio entre mis reflexiones. Siempre he querido ser elegante, pero he sentido que la posibilidad de serlo se me escapaba de entre los dedos. Viendo fotos de mis 20 nadie diría que le daba vueltas a este tema. Sé que las modas vistas desde el futuro horrorizan, pero yo iba un paso más allá. Ahora veo claro que intentaba encontrar un estilo que hablase de mí, que me hiciera sentir parte de algo; en el presente soy de las que prefieren que lo que comunique de mí sea el recuerdo que dejo y las cosas que hago. Decir podemos decir mucho; ejecutar es lo importante. De unos años hacia acá, el concepto de elegancia ha ido evolucionando para mí tal y como lo ha hecho el significado de la palabra belleza. Antes pensaba que ambos términos estaban unidos a la delgadez, pero ya me liberé de esa cárcel. Nunca he sido y nunca seré una mujer delgada y esto antes me frustraba… he empezado a abrazar quién soy sin la aspiración de ser otra cosa diferente y eso, quizá, me parece un gesto elegante para con mi adolescente interior. Más allá del “menos es más”, de la sorda elegancia de un vaquero recto, una camiseta blanca y un blazer negro, del estilo sin estridencias, del rojo de labios, del fondo de armario y los salones de tacón… más allá existe un cosmos completo plagado de distinción. La elegancia de saber marcharse cuando toca, de un abrazo, de la dedicatoria en un libro y de escoger el sitio adecuado para cada cosa. La elegancia de un olor característico que no grite, de sonreír y dar las gracias, de saber cuándo no llamar la atención y agachar la cabeza. La elegancia de la honestidad educada, del caminar de un gato sobre el parqué, de desandar unos pasos para repetir un beso de despedida en el rellano. La elegancia de dejar ir, de dejarse querer, de querer bonito, de comprar flores, de hablar de lo que se siente, de desear lo mejor a aquellos que nos hicieron el peor de los daños… pero lejos. Cecil Beaton dijo que la elegancia era “agua y jabón” (y @martariezu escribió un magnífico libro alrededor de este concepto, por cierto) y yo estoy bastante de acuerdo con que lo más elegante suele ser lo más sencillo.

Elísabet Benavent Instagram - Desde que soy adolescente, el concepto de la elegancia ha ocupado espacio entre mis reflexiones. Siempre he querido ser elegante, pero he sentido que la posibilidad de serlo se me escapaba de entre los dedos. Viendo fotos de mis 20 nadie diría que le daba vueltas a este tema. Sé que las modas vistas desde el futuro horrorizan, pero yo iba un paso más allá. Ahora veo claro que intentaba encontrar un estilo que hablase de mí, que me hiciera sentir parte de algo; en el presente soy de las que prefieren que lo que comunique de mí sea el recuerdo que dejo y las cosas que hago. Decir podemos decir mucho; ejecutar es lo importante. De unos años hacia acá, el concepto de elegancia ha ido evolucionando para mí tal y como lo ha hecho el significado de la palabra belleza. Antes pensaba que ambos términos estaban unidos a la delgadez, pero ya me liberé de esa cárcel. Nunca he sido y nunca seré una mujer delgada y esto antes me frustraba… he empezado a abrazar quién soy sin la aspiración de ser otra cosa diferente y eso, quizá, me parece un gesto elegante para con mi adolescente interior. Más allá del “menos es más”, de la sorda elegancia de un vaquero recto, una camiseta blanca y un blazer negro, del estilo sin estridencias, del rojo de labios, del fondo de armario y los salones de tacón… más allá existe un cosmos completo plagado de distinción. La elegancia de saber marcharse cuando toca, de un abrazo, de la dedicatoria en un libro y de escoger el sitio adecuado para cada cosa. La elegancia de un olor característico que no grite, de sonreír y dar las gracias, de saber cuándo no llamar la atención y agachar la cabeza. La elegancia de la honestidad educada, del caminar de un gato sobre el parqué, de desandar unos pasos para repetir un beso de despedida en el rellano. La elegancia de dejar ir, de dejarse querer, de querer bonito, de comprar flores, de hablar de lo que se siente, de desear lo mejor a aquellos que nos hicieron el peor de los daños… pero lejos. Cecil Beaton dijo que la elegancia era “agua y jabón” (y @martariezu escribió un magnífico libro alrededor de este concepto, por cierto) y yo estoy bastante de acuerdo con que lo más elegante suele ser lo más sencillo.

Elísabet Benavent Instagram – Desde que soy adolescente, el concepto de la elegancia ha ocupado espacio entre mis reflexiones. Siempre he querido ser elegante, pero he sentido que la posibilidad de serlo se me escapaba de entre los dedos.
Viendo fotos de mis 20 nadie diría que le daba vueltas a este tema. Sé que las modas vistas desde el futuro horrorizan, pero yo iba un paso más allá. Ahora veo claro que intentaba encontrar un estilo que hablase de mí, que me hiciera sentir parte de algo; en el presente soy de las que prefieren que lo que comunique de mí sea el recuerdo que dejo y las cosas que hago. Decir podemos decir mucho; ejecutar es lo importante.

De unos años hacia acá, el concepto de elegancia ha ido evolucionando para mí tal y como lo ha hecho el significado de la palabra belleza. Antes pensaba que ambos términos estaban unidos a la delgadez, pero ya me liberé de esa cárcel. Nunca he sido y nunca seré una mujer delgada y esto antes me frustraba… he empezado a abrazar quién soy sin la aspiración de ser otra cosa diferente y eso, quizá, me parece un gesto elegante para con mi adolescente interior.
Más allá del “menos es más”, de la sorda elegancia de un vaquero recto, una camiseta blanca y un blazer negro, del estilo sin estridencias, del rojo de labios, del fondo de armario y los salones de tacón… más allá existe un cosmos completo plagado de distinción.
La elegancia de saber marcharse cuando toca, de un abrazo, de la dedicatoria en un libro y de escoger el sitio adecuado para cada cosa.
La elegancia de un olor característico que no grite, de sonreír y dar las gracias, de saber cuándo no llamar la atención y agachar la cabeza.
La elegancia de la honestidad educada, del caminar de un gato sobre el parqué, de desandar unos pasos para repetir un beso de despedida en el rellano.
La elegancia de dejar ir, de dejarse querer, de querer bonito, de comprar flores, de hablar de lo que se siente, de desear lo mejor a aquellos que nos hicieron el peor de los daños… pero lejos.
Cecil Beaton dijo que la elegancia era “agua y jabón” (y @martariezu escribió un magnífico libro alrededor de este concepto, por cierto) y yo estoy bastante de acuerdo con que lo más elegante suele ser lo más sencillo. | Posted on 25/Sep/2023 19:19:55

Elísabet Benavent Instagram – Mis últimas fotos con el pelo verde. Últimos días en París. Paseos, Jules Verne, tiendas, suelos y un codo roto.
Vuelta a Madrid y la paz del hogar que se intensifica un domingo por la tarde.
Elísabet Benavent Instagram – Me gusta la facilidad con la que todo es fácil a tu lado. Me gusta la sencillez con la que haces sencillo lo que otras veces pareció complicado. Me gusta la serendipia de nuestro encuentro, que parece repetirse en ondas concéntricas, en círculos de suerte y coincidencias, porque es posible creer aún en la magia.

Me gusta la carga electromagnética de tu piel contra mi piel cuando nos abrazamos y que hayamos encontrado una postura ergonómica en la que hablar muy cerca. Me gusta cómo me das los buenos días, con el protocolo de sonrisa y besos, y cómo odiamos la vida adulta cuando hay que deshacer el lazo de brazos y piernas para ir a trabajar.

Me gustan las velas de tu terraza, el sonido de tus guitarras, el chasquido de tus dedos cuando intentas mostrarme que el compás de esa canción que nos encanta es fuera de lo común. Me gusta tu gata, tus cafés, tus gafas, tu olor, esa camisa azul, tu barba, el crujido de tu dedo pulgar, los besos que me das, la pasión con la que hablas de lo que te apasiona, descubrir que aún tenemos más cosas en común, los fines de semana a tu lado y lo cerca que estamos de fundirnos en un silencio cómodo y apacible. Tú con tu música, yo con mis letras, nosotros a lo nuestro.

“Me gustas infinito   1”, me dijiste ayer. Y a mí me gusta el infinito que dibujan nuestros ochos, los planes, soñar en voz alta (que está permitido aunque después esos sueños zarpen a destinos desconocidos), echarnos de menos, poder hablar de las heridas y los miedos, prometernos un espacio seguro, poder seguir siendo un tú y un yo, con sus cosas, a pesar de querer un nosotros.

Hay mucho dentro de un “me gustas”, pero como a menudo da vergüenza verbalizarlo, he pensado que hoy mejor lo dejo por escrito.

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