Publi | Ya están aquííííííí. Las Blue Weeks de Movistar han llegado. Si llevas tiempo soñando con que la magIA de Samsung te acompañe, este puede ser el momento para hacerte con tu dispositivo favorito. 💡 No dejes de bichear el servicio Movistar Swap, con el que podrás renovar tu Galaxy cada 24 meses entregando tu móvil anterior para que tenga una segunda vida en lugar de dejarlo olvidado en un cajón 😉 @samsungespana @movistar_es #GalaxyS25Ultra
Ya en los quioscos el último número de @mujerhoy y, con él, mi carta del mes. Va sobre esa actividad que consiste en enfrentarse a las bolsas al vacío y, sobre todo, a una misma. Se acabó. No mi matrimonio, no la canción de María Jiménez. Se acabó mi soberbia climática: esa que se resiste a usar medias e insiste en ignorar la existencia de esas botas suaves, emblema de la comodidad, y de todo lo que importa cuando afuera hace frío. Me he quedado sin excusas. Ha llegado el momento de revisar, seleccionar y desprenderse. Y lo ha hecho como todo lo inevitable: sin mucha ceremonia y, desde luego, sin el vintage de Carrie Bradshaw. Abrir el altillo, las cajas, las bolsas envasadas al vacío o ese canapé que guarda más secretos que las novelas de Ferrante es como destapar una cápsula del tiempo y enfrentarme a las pruebas de que mis aspiraciones de minimalismo murieron mucho antes de nacer. Ahí están los pantalones blancos con los que pensé que podría convertirme en una de esas mujeres que no se manchan. Y la camiseta con frase que ya no me representa. ¿Cuándo dejé de encontrar gracioso “Brunch is my cardio”? Y entonces, mientras evalúo, doblo y maldigo, sucede. Me encuentro conmigo. Me doy cuenta de cómo ha cambiado mi cuerpo, claro, pero más aún de cómo han cambiado mis ganas. El cambio de armario es, si lo pienso bien (y no hay razón para no hacerlo), abrirle espacio a la mujer que quiero ser. Una que, como todas las versiones anteriores, arrastra la nostalgia. Esa que se manifiesta en una bolsa a medio llenar que traslado de un lado a otro como si fuera una herencia emocional porque he pensado que “quizá lo use para estar por casa”, y que me recuerda que ponerme excusas para no afrontar la realidad es un clásico en mi vida que nunca pasa de moda. Cuando termino, y después de haber dejado ir ese abrigo que pesa más que los objetivos incumplidos de septiembre y prometerme que este invierno sí voy a ponerme el jersey asimétrico y la falda midi de cuadros, me queda la satisfacción de haber hecho algo importante. No heroico, pero sí íntimamente poderoso. Porque después de todo, el armario, como la vida, siempre mejora cuando hacemos limpieza.
Ya en los quioscos el último número de @mujerhoy y, con él, mi carta del mes. Va sobre esa actividad que consiste en enfrentarse a las bolsas al vacío y, sobre todo, a una misma. Se acabó. No mi matrimonio, no la canción de María Jiménez. Se acabó mi soberbia climática: esa que se resiste a usar medias e insiste en ignorar la existencia de esas botas suaves, emblema de la comodidad, y de todo lo que importa cuando afuera hace frío. Me he quedado sin excusas. Ha llegado el momento de revisar, seleccionar y desprenderse. Y lo ha hecho como todo lo inevitable: sin mucha ceremonia y, desde luego, sin el vintage de Carrie Bradshaw. Abrir el altillo, las cajas, las bolsas envasadas al vacío o ese canapé que guarda más secretos que las novelas de Ferrante es como destapar una cápsula del tiempo y enfrentarme a las pruebas de que mis aspiraciones de minimalismo murieron mucho antes de nacer. Ahí están los pantalones blancos con los que pensé que podría convertirme en una de esas mujeres que no se manchan. Y la camiseta con frase que ya no me representa. ¿Cuándo dejé de encontrar gracioso “Brunch is my cardio”? Y entonces, mientras evalúo, doblo y maldigo, sucede. Me encuentro conmigo. Me doy cuenta de cómo ha cambiado mi cuerpo, claro, pero más aún de cómo han cambiado mis ganas. El cambio de armario es, si lo pienso bien (y no hay razón para no hacerlo), abrirle espacio a la mujer que quiero ser. Una que, como todas las versiones anteriores, arrastra la nostalgia. Esa que se manifiesta en una bolsa a medio llenar que traslado de un lado a otro como si fuera una herencia emocional porque he pensado que “quizá lo use para estar por casa”, y que me recuerda que ponerme excusas para no afrontar la realidad es un clásico en mi vida que nunca pasa de moda. Cuando termino, y después de haber dejado ir ese abrigo que pesa más que los objetivos incumplidos de septiembre y prometerme que este invierno sí voy a ponerme el jersey asimétrico y la falda midi de cuadros, me queda la satisfacción de haber hecho algo importante. No heroico, pero sí íntimamente poderoso. Porque después de todo, el armario, como la vida, siempre mejora cuando hacemos limpieza.
Ya en los quioscos el último número de @mujerhoy y, con él, mi carta del mes. Va sobre esa actividad que consiste en enfrentarse a las bolsas al vacío y, sobre todo, a una misma. Se acabó. No mi matrimonio, no la canción de María Jiménez. Se acabó mi soberbia climática: esa que se resiste a usar medias e insiste en ignorar la existencia de esas botas suaves, emblema de la comodidad, y de todo lo que importa cuando afuera hace frío. Me he quedado sin excusas. Ha llegado el momento de revisar, seleccionar y desprenderse. Y lo ha hecho como todo lo inevitable: sin mucha ceremonia y, desde luego, sin el vintage de Carrie Bradshaw. Abrir el altillo, las cajas, las bolsas envasadas al vacío o ese canapé que guarda más secretos que las novelas de Ferrante es como destapar una cápsula del tiempo y enfrentarme a las pruebas de que mis aspiraciones de minimalismo murieron mucho antes de nacer. Ahí están los pantalones blancos con los que pensé que podría convertirme en una de esas mujeres que no se manchan. Y la camiseta con frase que ya no me representa. ¿Cuándo dejé de encontrar gracioso “Brunch is my cardio”? Y entonces, mientras evalúo, doblo y maldigo, sucede. Me encuentro conmigo. Me doy cuenta de cómo ha cambiado mi cuerpo, claro, pero más aún de cómo han cambiado mis ganas. El cambio de armario es, si lo pienso bien (y no hay razón para no hacerlo), abrirle espacio a la mujer que quiero ser. Una que, como todas las versiones anteriores, arrastra la nostalgia. Esa que se manifiesta en una bolsa a medio llenar que traslado de un lado a otro como si fuera una herencia emocional porque he pensado que “quizá lo use para estar por casa”, y que me recuerda que ponerme excusas para no afrontar la realidad es un clásico en mi vida que nunca pasa de moda. Cuando termino, y después de haber dejado ir ese abrigo que pesa más que los objetivos incumplidos de septiembre y prometerme que este invierno sí voy a ponerme el jersey asimétrico y la falda midi de cuadros, me queda la satisfacción de haber hecho algo importante. No heroico, pero sí íntimamente poderoso. Porque después de todo, el armario, como la vida, siempre mejora cuando hacemos limpieza.
Una noche inolvidable en el @museoreinasofia en colaboración con @bimbaylola. Qué emoción recorrer el universo audaz, visionario y absolutamente vigente de Maruja Mallo en “Máscara y compás”, la exposición que el museo le dedica. Una artista deslumbrante, icono de modernidad y una de las voces más libres y transgresoras de la Generación del 27, que por fin recibe el reconocimiento que merece. Enhorabuena a todo el equipo que lo ha hecho posible. Gracias, gracias @bearamosleon @iriavalinho_ @pelonio.
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El Retorno. Muy pronto en cines. Un joven atraviesa un delirio místico en un relato que tensa los límites entre la locura y la iluminación. Agradecida por haber formado parte de esta película, que me hizo enamorarme locamenti de Argentina. Gracias a todo el equipo.
Tutte le strade portano a Villa Agrippina, dove Roma si racconta sotto i tuoi occhi. Gracias de corazón a todo el equipo de @villaagrippinagm @gran_melia por ayudarnos con nuestra logística romana y por una atención llena de mimo. La ubicación es simplemente perfecta: ideal para recorrer Roma paseando, y especialmente valiosa durante los trabajos de restauración que se están llevando a cabo, que han puesto el tráfico del revés, pero que no pueden estar dejando la ciudad más preciosísima 🥲 #VillaAgrippina #ALifeWellLived
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M A T I C E S 5 de junio en @skyshowtimees @secuoyastudios @stellarmedia_studio
Publicidad Samsung | La IA de mi nuevo #GalaxyS25Ultra graba y transcribe llamadas, así que ya no tengo que buscar un boli a toda prisa ni depender únicamente de mi memoria. Técnicamente, sigo siendo la misma… pero ahora con un asistente incansable y, por primera vez, con todo apuntado realmente 😜 Ya disponible en Movistar. @samsungespana @movistar_es #GalaxyAI
Publicidad Samsung | He estado probando el proyector The Premiere de @samsungespana y solo puedo decir que es 😍 lo più! 1. Su diseño: se integra en cualquier espacio fetén y no necesita pantalla. 2. Tiro ultracorto 4K: Proyecta hasta 130″ con una calidad loqui, incluso en ambientes con luz. 3. Cero complicaciones: Al ser Smart TV no necesita antena y no requiere instalación. Basta con colocarlo sobre una superficie a 24 cm de la pared. Una chulada. #ThePremiere
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