Home Actress Elísabet Benavent HD Instagram Photos and Wallpapers February 2024 Elísabet Benavent Instagram - Sigo aprendiendo y, de un modo absurdo, me sorprende. Yo sabía que no se dejaba de aprender jamás, pero quizá pensé que habría cosas que ya sabría a mi edad. Sigo aprendiendo sobre el miedo. Cada año es como una mano que aprende a dibujar y que se empeña en hacer más nítido el perfil del pánico. Antes temía y muchas veces no sabía ni a qué. Ahora lo sé: temo la pérdida, temo el dolor de los míos, temo la frustración de no poder aliviar el vacío ajeno, temo no ser nunca lo suficientemente buena para mí misma. Sigo aprendiendo sobre qué es el amor. Creo que nunca sabré dar una definición exacta, pero sigo aprendiendo que a veces se disfraza de silencio cómodo, que duerme buscándote en la cama, que huele a rutinas, que no se alimenta de grandes gestos, si no de pequeñas palabras. Este año aprendí que se puede amar lo que no esperas y que se ama, además, con calma. Sigo aprendiendo sobre mí, sobre aquellas cosas que me afean el ánimo, sobre mis cicatrices y la cojera que me dejaron algunos dolores. Aprendo que mi cuerpo puede con más de lo que creo, que hay que abrazarse cuando todo sale mal y no tomarse demasiado en serio cuando sale todo bien y que se puede mandar a la mierda a quien defienda que de la tristeza profunda te saca un pintalabios rojo y un poquito de actitud. A mí, del hoyo, me sacó el amor de los míos, el tiempo, la terapia y la cantidad de uñas que dejé clavadas en la tierra para poder escalar hasta la luz. Sigo aprendiendo sobre la belleza, sobre la moda, sobre lo frívolo y lo divino, sobre lo que me gusta y la vida a la que aspiro, sobre la luz y la tiniebla, sobre el arte, la literatura y la soledad. Sigo aprendiendo, qué bien, pues vivo además de sobrevivir. Y entre lección y lección aprendo a poner límites, a decir no, a decir “no es momento”, a lamerme las heridas, a exigirme bonito y a decir te quiero.

Elísabet Benavent Instagram – Sigo aprendiendo y, de un modo absurdo, me sorprende. Yo sabía que no se dejaba de aprender jamás, pero quizá pensé que habría cosas que ya sabría a mi edad. Sigo aprendiendo sobre el miedo. Cada año es como una mano que aprende a dibujar y que se empeña en hacer más nítido el perfil del pánico. Antes temía y muchas veces no sabía ni a qué. Ahora lo sé: temo la pérdida, temo el dolor de los míos, temo la frustración de no poder aliviar el vacío ajeno, temo no ser nunca lo suficientemente buena para mí misma. Sigo aprendiendo sobre qué es el amor. Creo que nunca sabré dar una definición exacta, pero sigo aprendiendo que a veces se disfraza de silencio cómodo, que duerme buscándote en la cama, que huele a rutinas, que no se alimenta de grandes gestos, si no de pequeñas palabras. Este año aprendí que se puede amar lo que no esperas y que se ama, además, con calma. Sigo aprendiendo sobre mí, sobre aquellas cosas que me afean el ánimo, sobre mis cicatrices y la cojera que me dejaron algunos dolores. Aprendo que mi cuerpo puede con más de lo que creo, que hay que abrazarse cuando todo sale mal y no tomarse demasiado en serio cuando sale todo bien y que se puede mandar a la mierda a quien defienda que de la tristeza profunda te saca un pintalabios rojo y un poquito de actitud. A mí, del hoyo, me sacó el amor de los míos, el tiempo, la terapia y la cantidad de uñas que dejé clavadas en la tierra para poder escalar hasta la luz. Sigo aprendiendo sobre la belleza, sobre la moda, sobre lo frívolo y lo divino, sobre lo que me gusta y la vida a la que aspiro, sobre la luz y la tiniebla, sobre el arte, la literatura y la soledad. Sigo aprendiendo, qué bien, pues vivo además de sobrevivir. Y entre lección y lección aprendo a poner límites, a decir no, a decir “no es momento”, a lamerme las heridas, a exigirme bonito y a decir te quiero.

Elísabet Benavent Instagram - Sigo aprendiendo y, de un modo absurdo, me sorprende. Yo sabía que no se dejaba de aprender jamás, pero quizá pensé que habría cosas que ya sabría a mi edad. Sigo aprendiendo sobre el miedo. Cada año es como una mano que aprende a dibujar y que se empeña en hacer más nítido el perfil del pánico. Antes temía y muchas veces no sabía ni a qué. Ahora lo sé: temo la pérdida, temo el dolor de los míos, temo la frustración de no poder aliviar el vacío ajeno, temo no ser nunca lo suficientemente buena para mí misma. Sigo aprendiendo sobre qué es el amor. Creo que nunca sabré dar una definición exacta, pero sigo aprendiendo que a veces se disfraza de silencio cómodo, que duerme buscándote en la cama, que huele a rutinas, que no se alimenta de grandes gestos, si no de pequeñas palabras. Este año aprendí que se puede amar lo que no esperas y que se ama, además, con calma. Sigo aprendiendo sobre mí, sobre aquellas cosas que me afean el ánimo, sobre mis cicatrices y la cojera que me dejaron algunos dolores. Aprendo que mi cuerpo puede con más de lo que creo, que hay que abrazarse cuando todo sale mal y no tomarse demasiado en serio cuando sale todo bien y que se puede mandar a la mierda a quien defienda que de la tristeza profunda te saca un pintalabios rojo y un poquito de actitud. A mí, del hoyo, me sacó el amor de los míos, el tiempo, la terapia y la cantidad de uñas que dejé clavadas en la tierra para poder escalar hasta la luz. Sigo aprendiendo sobre la belleza, sobre la moda, sobre lo frívolo y lo divino, sobre lo que me gusta y la vida a la que aspiro, sobre la luz y la tiniebla, sobre el arte, la literatura y la soledad. Sigo aprendiendo, qué bien, pues vivo además de sobrevivir. Y entre lección y lección aprendo a poner límites, a decir no, a decir “no es momento”, a lamerme las heridas, a exigirme bonito y a decir te quiero.

Elísabet Benavent Instagram – Sigo aprendiendo y, de un modo absurdo, me sorprende. Yo sabía que no se dejaba de aprender jamás, pero quizá pensé que habría cosas que ya sabría a mi edad.
Sigo aprendiendo sobre el miedo. Cada año es como una mano que aprende a dibujar y que se empeña en hacer más nítido el perfil del pánico. Antes temía y muchas veces no sabía ni a qué. Ahora lo sé: temo la pérdida, temo el dolor de los míos, temo la frustración de no poder aliviar el vacío ajeno, temo no ser nunca lo suficientemente buena para mí misma.
Sigo aprendiendo sobre qué es el amor. Creo que nunca sabré dar una definición exacta, pero sigo aprendiendo que a veces se disfraza de silencio cómodo, que duerme buscándote en la cama, que huele a rutinas, que no se alimenta de grandes gestos, si no de pequeñas palabras. Este año aprendí que se puede amar lo que no esperas y que se ama, además, con calma.
Sigo aprendiendo sobre mí, sobre aquellas cosas que me afean el ánimo, sobre mis cicatrices y la cojera que me dejaron algunos dolores. Aprendo que mi cuerpo puede con más de lo que creo, que hay que abrazarse cuando todo sale mal y no tomarse demasiado en serio cuando sale todo bien y que se puede mandar a la mierda a quien defienda que de la tristeza profunda te saca un pintalabios rojo y un poquito de actitud. A mí, del hoyo, me sacó el amor de los míos, el tiempo, la terapia y la cantidad de uñas que dejé clavadas en la tierra para poder escalar hasta la luz.
Sigo aprendiendo sobre la belleza, sobre la moda, sobre lo frívolo y lo divino, sobre lo que me gusta y la vida a la que aspiro, sobre la luz y la tiniebla, sobre el arte, la literatura y la soledad. Sigo aprendiendo, qué bien, pues vivo además de sobrevivir. Y entre lección y lección aprendo a poner límites, a decir no, a decir “no es momento”, a lamerme las heridas, a exigirme bonito y a decir te quiero. | Posted on 20/Jan/2024 16:43:44

Elísabet Benavent Instagram – Esta foto no es de hoy, porque hoy no he salido de mi apartamento. ¿Y para qué te has ido a París?, pensarán algunos. Vine porque lo necesitaba. Vine porque quería escribir aquí y tenía cosas que hacer conmigo misma.
Hoy me he levantado a las siete de la mañana, me he dado una ducha, me he puesto ropa para estar en casa y he empezado a trabajar. Hoy he escrito casi 14.000 palabras. 23 páginas. Y no puedo más. Tengo días malos, de 2.000 palabras, tengo días muy buenos, de 8.000, pero lo de hoy no me había pasado nunca. Y eso me recuerda a que, cuando escribí Un cuento perfecto, pasé por una crisis similar a la que sentí la semana pasada con este proyecto y cuando se lo conté a mi buen amigo @holdencenteno (que pocas veces he visto equivocarse) y compartí mi miedo a haber perdido el oficio (creo que le dije “mi mojo” concretamente), cogió su botellín de cerveza y me explicó que era una g*l I p* l las. “Tú escribes desde las tripas, Elisabet”, me dijo. Y tenía razón. No sé escribir si no es desde las vísceras y hoy me las he dejado sobre el teclado del ordenador. Sin darme cuenta, me encamino a cerrar el segundo tercio de la historia. 
Deseadme suerte.

Pd: mañana saldré, no os preocupéis.
Elísabet Benavent Instagram – Quizá se ha convertido en un tópico, pero enamorarse da miedo. Mucho miedo. Al principio no mucho. Cuando aún tienes la adrenalina por las nubes, no es que no pienses en ello, es que directamente no piensas. Pero luego, el amor (cuando es amor) se asienta en el estómago y es entonces cuando te das cuenta de la magnitud del “problema”.
Vuelves a abrirte a alguien, vuelves a mostrarte vulnerable frente a una persona que puede amarte, pero también puede herirte si las cosas salen mal. El tiempo se convierte en algo cruelmente elástico, que se estira cuando está lejos y se contrae si lo tienes junto a ti. Compartes tiempo, sueño, piel, cafés, preocupaciones, series y ciudades y, lo que antes era tuyo, ahora es vuestro. Vuelves a saber lo que es añorar y, aunque es romántico, aunque dice algo que a la postre siempre es bello, echar de menos no es bonito, es vacío y ningún amor debería acostumbrarse a ello. 
Enamorarse da miedo, claro, pero a mí, personalmente, me da más miedo la alternativa y el vértigo de no saber qué sería de nuestra vida si no se hubiera cruzado el amor.

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